Compilación
ANTOLOGÍA DE CRÓNICA LATINOAMERICANA ACTUAL
DARÍO JARAMILLO (EDITOR)
(Alfaguara - Buenos Aires)
Toda antología es menos una radiografía que una selección caprichosa del autor. Sin embargo, puede ser un mapa de lo que ocurre en la zona, una brújula afanosa del oficio. Eso es lo que sucede con Antología de crónica latinoamericana actual. Su autor, Darío Jaramillo, reúne narraciones heterogéneas de la gran región. Aunque el criterio regionalista es más un rótulo comercial que un índice estético (la calidad literaria y periodística nada tienen que ver con la geografía), alumbra con lupa sagaz el estado "cronológico" de la situación.
El voluminoso libro tiene tres secciones: un extenso y agudo prólogo de Jaramillo, el cuerpo central con las piezas narrativas de los cronistas y la reflexión híbrida y desopilante de algunos autores sobre el género. En el ensayo preliminar, Jaramillo despunta su lápiz y cita a Salcedo Ramos que a su vez cita a Woody Allen: "todos los estilos son buenos, menos el aburrido". Esta sentencia sintetiza el eje que nuclea a los relatos. Nada hay que los aproxime al tedio. Al contrario, pareciera que los hubiera convocado, secretamente, el horror a la huida del lector.
En la sección final, Villoro acerca una definición ya clásica: "crónica es literatura bajo presión" y enumera las siete deudas de la crónica con otros géneros.
Caparrós escribe a favor y en contra de los cronistas con ese estilo combativo y fervoroso que lo caracteriza.
Villanueva Chang realiza un diagnóstico demorado y minucioso del periodismo literario en el nuevo siglo y Boris Muñoz califica al cronista como un vampiro que hunde sus narices en la realidad a la busca de una "arqueología del presente".
Conviven en el cuerpo central autores prestigiosos con jóvenes talentosos. Villoro, uno de los escritores contemporáneos más lúcidos, crea un personal y emotivo relato del asesino temblor que sacudió a Chile.
Leila Guerriero, con prosa adjetivada y sonora, escribe el perfil nostálgico y rítmico de un mago manco que, desde su silenciosa casa, lleva su arte por las ciudades del mundo.
María Moreno ensaya las razones de su fervor por Carlos Gardel y confiesa, hacia el final, que con él aprendió a leer.
El rutilante Pedro Lemebel destila poesía en una reflexión indirecta sobre el brillo opaco de las joyas que rodearon a Augusto Pinochet.
Juan José Hoyos narra, con angustia y valentía, los dos días que pasó, entre ametralladoras, rufianes y diputados, en la quinta del narcotraficante Pablo Escobar. Toño Angulo Daneri acierta con el retrato desenfadado de un librero que conoce tanto las artes de su oficio como el bello y nocturno paseo por los prostíbulos.
Salcedo Ramos elabora un inigualable retrato de un perdedor: administra los tiempos narrativos y suelta lentamente el relato melancólico de un boxeador que pelea su último round menos por el fervor deportivo que por ayudar a su hija a ser menos ignorante que él. Entre los más jóvenes, se destacan Frank Báez, Alejandro Zambra y Josefina Licitra.
La amplia antología recopila relatos magistrales que tienen un pie en la realidad pero que la sobrevuelan con prosa exquisita. El término crónica no debe llevar a engaño: el mismo nombre alberga autores que eligen el tono documental y directo (Laura Castellanos), la evocación personal y acaso ficcional (Hernán Casciari), la autobiografía del dolor físico (Laura Kopouchian), el registro sociológico (Jaime Bedoya), el diario íntimo y público (Daniel Riera), la humorada política (Leonardo Haberkorn), la crónica como policial negro (Cristian Alarcón), la historia privada del ron (Mario Jursich) y el cruce de dos perfiles opuestos (Alejandro Toledo).
La extensa selección es un mapa del auge del género y de la expansión de lo que, con cierto exceso y encanto personal, Jaramillo dice que es "la prosa narrativa de más apasionante lectura y mejor escrita hoy en día en Latinoamérica".
© LA GACETA
FABIÁN SOBERÓN